Recién llegaba del puesto de diarios. Hoy lo habìa cerrado mas temprano que de costumbre, no se sentía bien. Se saco la remera y se lavo la cara en la pileta del patio, después se quedó un rato haciendo que el agua corriera por su nuca, y terminó refrescándose la cabeza. Entró a la cocina y puso el agua para tomar unos mates, en ese momento entró Julia, que tambièn venía de la calle, habìa ido al mercadito de los coreanos a comprar harina y levadura
, como hoy era viernes, pensaba hacer una pizza para la noche. Pero Nicolás tenìa otros planes, o sea, lo de siempre: ensayar.
Julia se la veía venir. Le contó de donde venia y que iba a cocinar para la noche; Nicolás estaba atrapado, algo tenìa que decir, y las palabras de julia actuaron como un gran tentáculo de pulpo, no quedaba escapatoria. Y se lo dijo. Julia no dijo una palabra, dejo la bolsa de mala manera sobre la mesada de la cocina, y se sentó a la mesa y apoyo las manos cruzadas sobre la mesa, y así se quedó por un rato, mientras tanto Nicolás seguía preparando el mate, esperando la tormenta, frente a tan asfixiante calma
Pero ya no tenìa fuerzas para desatar tormentas
, ya estaba cansada con la historia de los ensayos, y la musiquita
No dijo nada, pero Nicolás la abrazó y le dijo, como si nada pasara, que se ponga a cocinar, sino se le iba a hacer tarde. Bueno pensó Julia, mientras se levantaba como si el cuerpo le pesara demasiado, por lo menos hoy cena en casa.
Nicolás le sirvió un mate y fue al altillo, que era donde estudiaba, cuando no tenìa ensayos, bajó con el violín en una mano y el estuche en la otra, lo guardó y lo dejó sobre el televisor.
Julia le devolvió el mate y le preguntó que le pasaba, ¿porque habìa cerrado el puesto de diarios mas temprano?, ya que por el ensayo no era, sino, no se quedaría a cenar en la casa. Nicolás le dijo que en la distribuidora no le habían recibido una devolución y que lo estaban apretando para que vendiera mas
, Julia no le creyó, con el puesto no les iba mal, aunque Julia tenìa otras expectativas, soñaba con algún viaje, o una cena fuera de casa alguna vez
, pero por lo menos sobrevivían. Ya hacía unos dìas que Julia lo notaba tenso y un poco hiperactivo. Mientras formaba un aro de harina sobre la mesada, pensaba cuanto tiempo habìa pasado desde la última vez que Nicolás la lleno de besos, y la acarició, y la hizo gritar de placer, de la misma forma que cuando sacaba las notas mas agudas y los mas dulces trinos del violín, porque cuando Julia lo veía tocar, la asaltaban los celos
, pero era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta, que para Nicolás el instrumento era eso
., y ella era Julia, su mujer. Pero de algo estaba segura, y era que Nicolás la amaba, quizás tanto como al violín, pero la amaba.
Nicolàs le sirvió otro mate, mientras por la espalda le corría el cabello y le daba un beso largo en el cuello.
Ya habìa terminado de preparar la pizza y la habìa dejado cerca de la cocina para que levante un poco la masa. En ese momento Nicolàs le dijo que aprovechara para darse un baño y cambiarse, querìa que esa noche lo acompañara.
Julia se lo quedó mirando, confundida. Nunca se lo habìa pedido antes, y eso que cuando ella lo conoció, ya venía con la liturgia de los ensayos. De todos modos aceptó, por lo menos iban a estar juntos
Cuando julia salió, entro Nicolàs al baño. Mientras tanto Julia terminó de cambiarse y preparó la mesa. Puso la pizza en el horno, y cuando Nicolàs apareciò ya estaba lista.
Asì que sin mirarlo abriò la puerta del horno, saco la pizza y cuando se dio vueltas, ahì estaba Nicolàs, con un jeans nuevo y una remera negra, tambièn nueva. Julia no dijo nada, pero le llamo la atención, ya que nunca Nicolàs se ocupo de su ropa, y cuando Julia decidìa que ya era tiempo que cambiara de jeans, se tenìa que tomar el trabajo de convencerlo para que la acompañara y se lo mediera.
Mientras comían Julia saco algunos temas de conversación, le contó del trabajo, y de la última acuarela que estaba pintando, pero Nicolàs solo escuchaba y respondía si habìa que responder. Aunque a veces se daba cuenta y se involucraba un poco, como cuando Julia le preguntó si habìa cerrado la ventana del altillo para que no se le sequen las pintura, y ahí si se despabilò y aprovecho para pedirle que le deje aunque sea un rinconcito para apoyar el atril
, pero Julia percibía que estaba ansioso
, algo raro le pasa, pensaba Julia.
Mientras Nicolàs se lavaba los dientes, Julia aprovechó para levantar la mesa y lavar los platos. Después entró ella y Nicolàs sacó el violìn del estuche y le pasò la gamuza. Ya estaban listos. Salieron y fueron caminando hasta la esquina. Cuando apareciò un taxi, Nicolàs le hizo señas para que parara. Julia lo increpó, preguntàndole si estaba loco con eso de tomar un taxi. Nicolàs no respondió, solo esbozò una sonrisa mientras se ataba el cabello con una de esas banditas elásticas. Subieron y Nicolàs le dio la dirección hacia donde iban. Julia le preguntó si era la casa de alguien o algún galpón prestado. Esta vez, ademàs de la sonrisa le regaló un beso en la boca, pero ni una palabra. Julia se estaba poniendo nerviosa.
Por fin llegaron. El taxi los dejó en la esquina, bajaron y empezaron a caminar hasta que llegaron a la puerta de un local. La Trastienda, se llamaba. Julia pasò por delante de la puerta con intenciòn de seguir caminando aunque no sabia adonde iba, pero en ese momento Nicolàs la tomó del hombro y entraron juntos. El se adelantó y habló con el recepcionista, éste llamo a una moza y los acompañó hasta una mesa, pero Nicolàs no se sentó, le dijo que pidiera lo que quisiera, que èl iba a saludar a unos amigos y ya volvía.
Era tal la confusión de Julia, que no le salìan las palabras, y ademàs Nicolàs se movía rápido, como no dándole posibilidad a pregunta alguna.
La moza le pregunto que le servía, y Julia como una autómata pidió un cafè.
Nicolàs habìa desaparecido, ahora la moza tambièn. Julia estaba sola en la mesa, mirando alrededor y viendo como de a poco se iban ocupando las mesas y la barra.
Ya habìa terminado el cafè, y a pesar de que el local estaba atiborrado de gente, decidió levantarse. Pero en ese momento, las luces bajaron la intensidad. Apareciò un maestro de ceremonias y los presentó. De los costados del escenario empezaron a salir los músicos, dos de un lado y dos del otro, y ahí estaba Nicolàs, con su jeans y su remera nueva, y el violín entre las manos. Sin decir palabra empezaron a tocar, mientras Julia se secaba las lágrimas con una servilletita de papel.
1 comentario
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Un relato dulcecito....que lindo, por un minuto pensé que Nicolás no volvía a aparecer, que se esfumaba entre la gente y la dejaba sola, que bueno que la salvaste en el último minuto, Julia hubiese sufrido mucho y yo...yo no estoy para abandonos, aunque sean literarios.
Un saludo.