Era lo que se llama un verdadero personaje, querible, muy señora de su casa y muy madraza. Era la mayor de cinco hermanos. La madre habìa muerto de una infecciòn..., o de peritonitis, no recuerdo bien. Y a proposito, no va a ser este el ùnico detalle (y digo lo de detalle en forma genènerica, ya que trtandoce de la muerte de la madre, seguro que es mas que un detalle, aùn para mi). Como decìa, no ha de ser este el ùnico detalle que no recuerde, asi que apelo a vuestra comprenciòn, y se que sabran disculparme de ahora en mas, algunos "no recuerdo bien" o "creo que...". Desde ya mi agradecimiento por seguir queriendo conocer esta historia mas allà de algunos "detalles".
Bien. Al ser la mayor de los cincos correspondìa que ella se hiciera cargo del manejo de la casa. Claro, esa fue una decisiòn que llego despuès de haber estado separados estos hermanos. La cosa fue asi: despuès de la muerte de la madre, el padre; por cierto un hombre trabajador, respetable y muy buen mozo, treinta y tres años, creo cuando murio su esposa. Era ferroviario, inspector, si mal no recuerdo. El padre tenìa que decidir que hacer con sus hijos, y no tenia muchas opciones, as+i que decidio repartirlos, y esto lo digo sin el mas minimo sentido peyorativo, por el cariño entrañable y el respeto que me merece este hombre, pero asi era la cosa. Resulta que un tìo se hizo cargo de algunos y otra tìa de otros. El padre viajaba toda la semana, hasta el viernes por la noche, que llegaba a su casa. Entonces se dedicaba a "recorrer el espinel", como decìa años mas tardes la hermana del medio. Los chicos no estaban bien, se extrañaban, y extrañaban su propia casa. El lo sabìa, y eso lo atormentaba, pero que podìa hacer...
Nunca se volvio a casar. Eso si, mujer nunca le falto. Y hasta ha habìdo mujeres que lo han ido a buscar a la casa, y pedido a las hijas que le dijeran a su papà que se fijaran en ellas, (eso si, con buenos fines), lo que se dice "un viejo lobo de mar". Escuche una vez que un tìo de los chicos, al cùal mas adelante dedicarè un tiempo por ser un personaje clave en esta historia. Le planteo que porque no se volvìa a casar, que era joven y aùn podìa formar una familia. La respuesta del padre fue a partir de cada una de las razones que el tìo le dio. Es verdad, soy joven le dijo, y puedo formar una familia tambièn con una mujer joven, que querrà tener sus propios hijos, como debe ser. Ahora decime, le dijo al tìo, a quien saludo primero cada vez que vuelvo de viaje, a mis hijos mas grandes o a mis mis hijos mas chicos?. Asì, de esa forma tan particular pensaba el padre. Y asì lo hizo, nunca se volvio a casar. Y el tìo nunca volvio a intentar convercerlo; la derrota habìa sido arrolladora.
Pero la espiral de la vida hace que haya historias y vidas para recordar, como esta.
Este tìo, el de la derrota arrolladora, era un hombre de mas o menos la edad del padre. Este tìo era cuñado del padre. La verdad es que yo lo conocì de grande..., de muy grande, asi que no se como fue de joven. El tema es que habìa una historia alrededor de este hombre, historias de esas que "de eso no se habla", historia prohibida, historia olvidable. Y de eso no se hablaba en la familia. Hasta que yo, de grande, lo supe. No voy a decir que no me impacto, pero no por este hombre en particular, sino porque en mi familia hubiera pasado lgo asì. En fin, el tìo, en un arrebato mato a un hombre de un tiro de pistola. Manejaba un auto, se cruza con un tranvìa en una esquina, choca, se ofusca, se baja y se "carga" al motorman. El tìo fue preso. escabdalo en la familia del tìo y en la del padre tambièn, como no podìa ser de otra manera, a fin de cuentas tambièn era de la familia, pero me imagino aùn hoy el revuelo en la familia del tìo, a tal punto que lo desconocen, lo rechazan, parece ser que si por ellos hubiera sido, el tio se podrìa en la carcel, porque el comisario, hombre de bien, muchas veces llamo a la familia del tìo, pero esta nunca respondiò, y el comisario ya no sabìa como hacer para retener a este hombre en la comisarìa, y que no lo pasaran a "La Redonda". Pero no desistiò, hizo averiguaciones y dio con el padre, no el el padre de èl, sino el padre de los hermanos. Lo citò y este hombre concurriò a la cita que era en la misma comisarìa. Se presento, y el comisario lo invitò a sentarce, mientras le explicaba los motivos de tal citaciòn, informal, por cierto, le aclaraba el comisario. Vea señor, le decìa, tuve tiempo de conocer a este hombre, al tìo se referìa, y se que es una persona de bien, en varias oportunidades me lo ha demostrado, y ahora ha comenzado a estudiar farmacia, y por cierto le va muy bien. Pero debo decirle la verdad, ya no puedo retenerlo acà, en la comisarìa, donde ve usted que ni en el calabozo està. El Juez quiere juzgarlo y que cumpla su condena en la càrcel, donde le aseguro que ya no va a poder continuar sus estudios, y cuando salga va a ser una persona muy distinta a la que es hoy..., a no ser que usted pague la fianza y al no teber abtecedentes y a partir del informe que yo le haga llegar al Sr. Juez, este le conceda la libertad condicional.
No lo vi, ni me lo contaron, pero no hace falta..., no hubiera querido estar en los zapatos del padre. Pero el padre, con mucha hombrìa, hizo frente a la siruaciòn.
Al tiempo, nose cuanto, volviò a la comisarìa con el dinero, producto de haber hipotecado la casa. Esos eran hombres, esas eran familias. No se como se desarrollaron los hechos, pero el tìo salìo libre y el padre tuvo una larga charla con èl.
Despuès de estos hechos el tìo estuvo "boyando", pero siempre visitaba a los sobrinos. Un dìa hablò con el padre y le dijo que los chicos no estaban bien, estaban muy rebeldes y tristes. me imagino la angustia del mpadre, frente a alguien que le confirmaba lo que èl ya sabìa. Pero el tìo no se quedò con eso, sino que tenia una propuesta, que el padre escuchò, y era la siguient: èl, el tìo, se hacìa cargo de la educaciòn de los chicos, todos juntos, enla casa paterna, hasta el viernes que llegaba el padre. Sàbados y domingos, libres para el tìo. Al padre le parecìo fantàstico, asi que reunieron a todos los chicos y se fueron a vivir todos juntos, con el tìo incluido. En este punto podrìamos decir: colorìn, colorado...
Pero no. Porque no fue facil la vida para estos chicos bajo la educaciòn del tìo. Hombre rìgido y con un sentido de la responsabilidad que a los hermanos lo punico que les inspiraba era, logicamente, miedo.
Asì las cosas. La hermana mayor se hacìa cargo de la casa y el tìo de la educaciòn de todos. Pero eso de hacerce cargo de la casa tambie`n era a medias, porque el tìo manejaba el dinero y el menù de cada dìa: es decir puchero todos los dìas, y ademàs supervisaba cada tarea hogareña subiendo o bajando el pulgar. Y ahì se armaban las bataholas, cuando bajaba el pulgar. Los muchachos salìan al rescate de las chicas si alguna de ellas era victima del arbitrio negativo del tìo o viceversa. Por ejemplo la loza, como llamaban a la vajilla, era todo un tema. Se lavaba con cenizas, no se bien como era el procedimiento, pero era tarea engorrosa. Cuando hubieren terminado, el tìo supervisaba y si la limpieza no lo convencìa a partir de mirar cada pieza, tanto de loza como de metal a contracara del sol, vuelta a lavar todo. Los hermanos le adjudicaban tal manìa porque èl estudiaba farmacia. porque tambièn, sentados a la mesa, èl era quien repartìa el pan, cortandolo en rebanadas bien finas, entonces las miraba a travez de la luz. Los mas chicos de los hermanos siempre le preguntaban: que ves tìo?, que queres ver?. Bacterias, contestaba èl. por ahì alguno de los mas grandes largaba: esta loco...., y mas de una vez ha volado una chancleta del tìo sobre la cabeza del bocon, a pesar de estar sentados a la mesa. Asì transcurria la semana de los hermanos, entre colegio, los quehaceres de la casa y las peleas con el tìo. Eso hasta el viernes. Ahì todo se transformaba. A limpiar, a comportarce, a vestirce que llega el padre. Y aqui sì que cuando el padre llegaba, llegaba la alegrìa del hogar..., la alegrìa de los hijos. Entonces se reunian, se preparaban para la cena, despuès, reuniòn de familia. Pero no todos juntos, no, de a uno. Hacìan cola en el patio y entraban de a uno a la sala, donde el padre estaba sentado en un sillòn y en una mesita habìa una copita de caña quemada o ginebra... Le llevaban las quejas contra el tìo, las quejas de toda la semana, anotadas en un papel. El los escuchaba y les decìa que despuès iba a hablar con el tìo sobre el asunto, que se quedaran tranquilos. Y les pedìa que le contaran lo que habìan hecho en la semana, mientras les hacìa señas para que se sienten en su regazo. Cuando terminaban de pasar los hermanos, entraba el tìo. Horas se quedaban hablando, y me imagino que tomando, orque no, algunas copitas. Los hermanos se creìan que el padre le estaba poniendo los puntos sobre las ies al tìo, y disfrutaban ese momento entre risitas còmplices y secretitos. Pero si el padre confiaba en alguien, era en el tìo.
Recuerdo a los hermanos reviviendo esas anecdotas y riendoce de ellos mismos... O cuando uno de los hermanos, el que ahora es militar. Porque la madre antes de morir, le encargò al marido la educaciòn de los hijos. Los muchachos debìan ser mèdicos o militares y las muchachas docentes. Se puede decir que el objetivo fue logrado, y una vez mas, este hombre cumpliò. Solo el mayor se dedicò a otra cosa. Heredò el oficio del padre, fue ferroviario, y el destino quiso que encontrara la muerte muy joven. Fue un accidente de trabajo. Volviendo al militar. En aquellos dìas estaba enfermo, debìo haber sido una gripe o unas anginas, pero con mucha fiebre, transpiraba mucho y pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. La tìa, la que en un tiempo se habìa hecho cargo de algunos de ellos, se enterò, y quiso ir a visitarlo e interesarce por su salud. Los hermanos hacìa un tiempo que no veìan a su tìa, y no se habìan enterado que esta mujer estaba estrenando una nueva dentadura. Blanca, y de dientes muy grandes se la hicieron. El punto es que la tìa llega, la hacen pasar a la habitaciòn, la hermana mayor despierta al muchacho. Cuando logran despertarlo, le informan que la tìa està ahì y lo viene a saludar, y la tìa lo saluda con una gran sonrisa, mientras balbucea, envuelta en un tapado negro, porque era invierno, y ya se sabe: los inviernos de antes no son como los de ahora -hola querido!!-. El muchacho se puso mas palido aùn, abrio los ojos al punto que se les hincharon, pegò un grito y saliò corriendo..., dejando estupefactos a todos, pero mas aùn a la tìa, que pregunto:-¿pero que le pasa a este muchacho?. Al fin lograron convencerlo de que realmente era la tìa, y no la muerte que lo venìa a buscar, porque eso fue lo que le confesò a la hermana mayor horas mas tardes.
En fin..., una familia, un mundo. Y el tiempo. Los chicos crecieron y el tìo y el padre se volvieron mas viejos. Un dìa, el padre hablò con el tìo. Le dijo que ya era un muchacho mayor, que tenìa una profeciòn, porque se habìa recibido de farmaceutico..., en definitiva, que se tenìa que buscar una mujer y casarce, sino se iba a quedar solteròn. El tìo bajo la vista, se quedo callado por un momento, y despuès le dijo al padre: -sabes, tenès razòn, mi trabajo aca termino, los muchachos ya son grandes y se valen por si mismos, ahora si.
El padre lo abrazò y le agradeciò todo lo que habìa hecho por sus hijos, sin poder evitar hacer rodar algunas làgrimas. Los criaste y los quisiste como a tus propios hijos, le dijo el padre. Por eso te digo que te cases, porque estoy seguro que tus hijos estaràn orgullosos de vos. Y asi fue. Al año, mas o menos, me parece, se caso y tuvo dos hijos, una mujer y un varòn. Fue un excelente esposo y padre.
La mayor de las hermanas, en sus años mozos, fue una mujer muy coqueta, amena, y muy respetuosa. Tenìa algunas infulas. Por ejemplo, un dìa trajeron un perrito, de la calle, claro. La casa donde vivìan se prestaba para tener mascotas, asì que ademàs del perrito, tenpian una tortuga. El nombre del perrito lo eligiò la hermana mayor, lo llamo Tizbet. Demasiado nombre para un perro de la calle, al cual tuvieron que bañar varias veces cuando llego, y someterlo a tratmientos antipulgas con Creolina, no habìa otros productos en aquellos tiempos. Bañado y despulguizado, el nombre Tizbet le daba al can un aire aristocràtico, y mas aùn cuando era la hermana mayor quien lo llamaba. Pero claro, el encanto se desvanecìa cuando Tizbet obediente aparecìa. Si mal no recuerdo el nombre lo habìa sacado de una novela. Le gustaba leer, lo mimso que a los otros hermanos. Por ejemplo, la mas chica, lo hacìa en la galeria o el zaguàn de la casa, en las tardes de verano, ya que la casa era muy fresca, con un huerto en el fondo, dopnde habpia plantas y arboles frutales. Adelante tambièn habìa plantas, como por elemplo un jazmìn del Paraguay, que cuando florecia llenaba de aroma hasta las habitaciones. Bueno, creo que bajo ese àrbol se dedicaba a la lectura la hermana mas chica. pero a veces era un incordio, porque la tortuga parece que tenìa predilecciòn por esta muchacha, y demostraba su afecto mordièndole los dedos de los pies. Entonces esta chica, cuando la tortuga se acercaba, tenìa que dejar la lectura y llevarla al fondo de la casa, unos cincuenta metros, pero no hacìa mas que sumergirce de nuevo en la lectura, que la tortuga ya estaba ahì nuevamente. Si en lugar de ella wl que hubiera estado en esa situaciòn hubiera sido el que años mas tarde fue su marido, no solo los pies, sino las manos y hasta las orejas se hubiera dejado morder. El amor de èste hombre por los animales era excepcional. Lo que hoy llamariamos un conservacionista. No asì ella. Sin embargo siempre lo acompaño, siempre le permitio, aunque bajo protesto, que hubiera un perro en la casa, pàjaros y algùn otro animal. Una vida juntos, y esto lo digomen forma literal. Se conocieron a los dosce años, y se pusieron de novios. Eran vecinos. Vivìan unos enfrente del otrol. Al principio se veìan en la calle, me imagino que compartirìan juegos con el resto de los chicos. pero no pasò mucho tiempo hasta que entro en la casa, y la hermana mayor asì lo preferìa, porque sabìa que entre ellos habìa algo mas que maistad.
Paso el tiempo, y se tuvo que enfrentar al padre para pedir la mano de su novia. No fue tarea complicada, era como blanquear una situaciòn que ya todos conocian. Asì que se pusieron de novios formalmente. Muchos años estuvieron de novios..., se casaron a los veintiseis años, y fue por un "apriete" de ella. Resulta que este hombre gustaba de disfrutar la vida..., y las mujeres. Era bastante picaflor. El drama era los fines de semana, cuando se despedian el sàbado a la nochecita despuès de haber compartido la tarde juntos en la casa de ella.
El le decìa que se iba a dormir, pero ella no le creìa. Entonces se acercaba a la puerta de calle, de noche tarde, y espiaba por la rendija a la casa de enfrente, la del novio. Y la escena que ella veìa era un grupo de muchachos atestados en la puerta de la casa de èl, que tocaban el timbre y salìa un muchacho alto y delgado, que era el primo del novio. Todos los saludaban con festejos y bullicio, llamandolò por el nombre. Y asì salian todos juntos hasta perderce de vista de ella. Hasta que un dìa, el truco fallò. la formaciòn de amigos, vaya a saber porque, no se mantuvo unida, no se mantuvo en escuadra, entonces lo vio. Vio al novio medio agazapado en medio del grupo, marchando hacia la esquina. Lo soportò estoicamente, hasta el otro dìa, donde le dio el ultimàtun: -nos casamos o no me ves mas. El hombre estaba jugado, y yo lo se, muerto de amor por ella, asi que no le fue dificil aceptar el desafio, y ese mismo dìa le pidio a ella que pusiera fecha.
Se casaron en primavera, y en primavera tambièn tuvieron sus hijos, el primero un varòn, a los dos años de estar casados, y a los nueve naciò una niña.
Entre luces y sombras transcurriò la vida de esta familia, entre silencios y ausencias se fueron conociendo. Sin embargo, nada se deben, cada uno dio lo que pudo, lo que tenìa para dar, porque, sabido es, que nadie puede dar lo que no tiene, asi que poco o mucho, nada se guardaron. Incluso, darle a sus hijos la posibilidad de ver la vida con sus propios ojos, y decidir por ells mismos.
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